jueves, 5 de diciembre de 2013

13.- Hoy, como ayer. El "Cuéntame" del fracaso escolar en España

Aprovecho que estos días anda la cosa revuelta con los resultados del informe PISA y el permanente fracaso de la educación en España, para contar lo siguiente: 

El déficit educativo de España no es nuevo, al contrario, es muy, muy viejo, lo arrastramos desde hace siglos. Es un déficit cultural.

Y como muchos intangibles culturales, tiene una proyección geográfica, es decir, puede ser representado en un mapa y el resultado lo conocemos bien: es la vieja historia de la España Norte y la España Sur, un gradiente sutil que organiza el país de norte a sur y se manifiesta en las cifras de paro, índice de población lectora, fracaso escolar y tantos otros parámetros.

Para comprobarlo, basta echar un vistazo a estos mapas, que tenía a mano. El primero organiza los datos provinciales de escolarización primaria según el Censo de 1900, y el segundo las medias de fracaso escolar en los años 2002 a 2008, un siglo después. Un vistazo muestra en ambos el mismo gradiente N-S.

Por si alguien duda, la correlación de los datos provinciales muestra una R2 de 0,41, más que buena teniendo en cuenta la lejanía de los parámetros comparados, los cambios demográficos y las serias limitaciones del Censo de 1900 (véase, por ejemplo, la excepción de Badajoz). Pero ahí está, la diferencia N-S salta la vista y la correlación  es estadísticamente significativa. 


Debo reconocer que los grises son algo confusos, y el gris que sigue al negro parece más claro que el que indica valores medios, pero en el mapa de fracaso escolar abajo está bien claro ese gradiente N-S. 


¿Y cuáles son las claves de esta herencia cultural?

Pues, lo primero, por encima de cualquier otra cosa, hay que reconocer, que, desde un punto de vista estadístico, la educación es un valor que se transmite de generación en generación dentro de las familias. Ahí no pintan nada ni los planes educativos ni ministerios ni gaitas: las familias, de padres a hijos. Esto es lo que explica que las diferencias norte-sur se mantengan a lo largo de los siglos. 

¿Y qué pasa con las escuelas? Bueno, pues ahí es donde juega el Estado. Esto explica el fracaso de España respecto del resto de Europa y del mundo. Y resulta que en el siglo XIX, y hasta hoy, el Estado español se hizo con la dirección de la educación pública, sobre todo de la universitaria, que estaba en manos de la Iglesia Católica, y la centralizó y transformó en una gran academia madrileña con sucursales en provincias para formar a sus propias élites burocráticas y asegurar sus privilegios: funcionarios (incluyendo notarios o registradores de la propiedad, como nuestro Marianico), abogados, procuradores, farmacéuticos, peritos de toda laya, cuerpos de ingenieros... es decir, colegios académico-profesionales ligados al Estado que controlaban y se repartían la actividad económica. ¿Os suena? 

Por cierto, el Estado español, interesado sólo en la cúspide del sistema: las universidades que entrenaban a sus élites funcionariales, dejó a la Iglesia Católica el gran pastel de la educación infantil, la masa popular que adoctrinar y a la que bastaba enseñarle las cuatro reglas. Fue un buen trato para ambos. El poder de la Iglesia Católica en la educación de los niños españoles sigue siendo hoy una cosa excepcional en Europa. Así nos va. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario